Crónicas Urbandinas

La Paz, desde su nombre, es ficción…

Sólo fue un corazón

Posted by estido en 25 marzo 2007

Sólo fue un corazón, nada más; asimétrico, exageradamente rojo y, para rematar, atravesado por una flecha torcida o, quién sabe, por un alambre de anticucho. Estaba mal dibujado en una hoja cuadriculada que, se notaba, había sido arrancada torpemente de una carpeta. Sin embargo, si algo bueno se puede recordar de esto, el papel desprendía una fragancia paradójicamente exquisita. Digo paradójicamente, porque en realidad el aroma era desagradable, pero dejar de olerlo resultaba imposible, pues despertaba algo similar al apetito, un antojo inefable que no podía ser satisfecho por ningún alimento u objeto de mi mundo.

Sólo fue un corazón oloroso, nada más. A mis trece años, ¿qué más podía ser? Y que conste que yo no era ningún mojigato; de hecho, desde mis diez, me masturbaba diariamente con las películas porno que mis viejos utilizaban para el precalentamiento. Las descubrí por casualidad, mientras registraba su cuarto buscando algunos pesos para comprar el ron que había prometido a mis amigos. La desnudez de una mujer no era ninguna novedad para mí, aunque jamás la había visto en persona.

Sólo fue un corazón mal dibujado, nada más; al centro, con mala letra y pésima ortografía, llevaba inscrito: “Tati y Hernesto”. Cuando desdoblé el papel y lo vi, inmediatamente giré la cabeza para ubicar a su autora; me topé con su rostro sonriente y me hizo un guiño. Completamente colorado, volví a posar la vista en el corazón y eludí la desfachatada coquetería de la Tati. Esforzándome porque fuera visible, hice un bollo con el papel y lo boté a un costado.

Sólo fue un corazón, arrugado y despreciado, nada más. Y así debió quedarse, en el suelo, para ser barrido por el conserje; sin embargo, cuando las clases terminaron, disimuladamente levanté el bollo y lo guardé en el bolsillo. Después, en casa, volví a mirar el corazón y fue entonces cuando me percaté del olor que desprendía. Esa noche, dormí con el papel pegado a mi nariz. Al día siguiente, en el primer recreo, al salir del baño me esperaba la Tati. “¿No te gustó el corazón?”, me preguntó. Colorado nuevamente, no sabía qué responderle. Obviamente, su pregunta implicaba otra. Sí le decía que me había gustado, indirectamente también le decía que ella me gustaba.

Sólo fue un corazón, una declaración gráfica de amor, nada más. Pero, ¿por qué me lo dio? Nunca me había fijado en ella, sólo éramos compañeros, ni siquiera amigos. La tati era la más alta y gorda del curso; eso, sumado a que también era la mejor alumna, la convirtió en la chica menos popular y, por ende, la más solitaria. No podía gustarme, no debía gustarme. “No”, fue lo que debí contestar a su pregunta, pero dije “no sé”, dando pie a otra pregunta y a otra respuesta ambigua –“¿Por qué no sabes?”, “No sé”–, enredándonos así en un ping-pong infantil e incómodo. Cuando el timbre sonó, indicando el final del recreo, le pregunté de dónde había sacado el perfume que le puso al corazón. “De aquí”, me contestó, tocándose levemente la entrepierna.

Sólo fue un corazón, besado por sus labios secretos, nada más. No pude concentrarme durante las clases, pues mi mente no dejaba de imaginar a la Tati restregando el papel en su vagina. El timbre del segundo recreo interrumpió mis fantasías. Esta vez la busqué yo; la encontré en la biblioteca. Cuando me vio, esbozó una sonrisa triunfal y dio un par de palmaditas sobre la silla que estaba a su lado, invitándome a sentarme junto a ella. “¿Te gustó mi olor?” Obviamente, sin dudarlo, contesté: “Sí”. Luego, cambió de tema y me habló de un montón de cosas que, ese momento, me resultaban estúpidas, pues yo quería seguir hablando del corazón oloroso. A partir de ese día, todos los recreos iba a la biblioteca para estar con ella, esperando que el tema que me interesaba volviera a surgir en alguna de nuestras conversaciones.

Sólo fue un corazón tirado a la basura, nada más. Pero yo me enfurecí cuando, al no encontrarlo, le pregunté a mi madre si lo había visto y ella me dijo: “¿Ese papel sucio? Ah, sí, lo vi, pero pensé que era basura y lo boté”. Sin embargo, fue el pretexto perfecto para volver a hablar con la Tati sobre el asunto. Le conté lo que había pasado y le pregunté si podía darme otro. “¿Por qué?” “Porque me gusta tu olor, ya te dije”. Ella miró a su alrededor –comprobando algo que no necesitaba comprobación, pues durante los recreos nadie en su sano juicio estaría en la biblioteca–, giró su silla hacia mí y, levantándose la faldita, me dijo: “Puedes oler”. Ya se imaginarán qué ocurrió después.

Sólo fue un corazón, nada más; pero cambió mi vida y la de ella. La Tati tenía catorce años, y a mí me faltaban dos meses para cumplirlos, cuando nació nuestro hijo. Por culpa de ese corazón mi vida se fue a la mierda. Con el tiempo y las privaciones, la Tati adelgazó bastante; seguramente, los compañeros que entonces se burlaban de mí por haberme metido –y supuestamente para siempre– con semejante ballena, luego han debido envidiarme, porque a mis dieciocho años yo tenía una esposa escultural, mientras ellos apenas comenzaban su vida sexual. Y yo me sentía bien, aun cuando tuve que dejar el colegio y trabajar como bestia; mi hijo era un niño precioso y la Tati era un mujerón. “Me voy con el niño”, me dijo un día, acabando con mi estado de felicidad; se había enamorado de otro. Lloré y supliqué, pero ella no se conmovió. “Tú eras un gorda horrible, yo nunca hubiera estado contigo si no fuera por el corazón que me mandaste, porque así me enredaste y me abriste las piernas para atraparme”, le dije, impulsado por el dolor de alma que padecía. “Sólo fue un corazón, nada más”, me replicó, “como los que les di a varios chicos del curso; contigo tuve mala suerte y me embaracé. No hagas un drama sin motivo, sólo fue un corazón, nada más”. Ahora, ya con la cabeza fría, creo que estaba en lo cierto: sólo era un corazón. Lamentablemente, era mi corazón. Su dibujo fue como una premonición, pues ella botó mi corazón a la basura, sin sentir ningún remordimiento. No niego que quise matarla, pero ¿qué habría logrado con eso? Yo quería que ella sufriera como yo sufría ese momento, quería que su corazón se desangrara durante toda su vida; por eso lo maté a él. Cuando la Tati vio su cuerpo inerte, tendido en el suelo, con el orificio sangrante en el pecho y su corazón, pisoteado y escupido, a su costado, ha debido sentir un dolor tan jodido como el mío.

“Sólo fue un corazón, nada más”, le dije con ironía, “¿de qué lloras?”. Creo que me insultó, no lo recuerdo bien, porque mi mente estaba concentrada en disfrutar de su dolor; sí, concientemente estaba disfrutando de su sufrimiento, olvidándome del mío, hasta que tres palabras suyas me devolvieron a la realidad: “¡Era nuestro hijo!”. Intenté matarme; obviamente, fallé. Ya pasaron treinta años de aquello, faltan dos días para cumplir mi condena, pronto estaré libre. Tanto tiempo encerrado me ha servido para reflexionar bien sobre lo ocurrido; sé que me equivoqué, jamás debí matar a mi niño. Pero pasado mañana enmendaré mi error: iré a la casa de la Tati para entregarle, envuelto en un papel de carpeta, el corazón de su esposo
.

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21 comentarios to “Sólo fue un corazón”

  1. LESLIE said

    Moraleja: el hombre se enamora con la nariz y no con el corazón jajajajaja.
    Bueno… sin gralizar.
    El cuento sencillo y repite tantas veces “era solo un corazón” q se veia venir algo asi. pero de tds formas me gustó.
    Un abrazote.

  2. Luna said

    me encanto!
    ya me lo habian dicho, que este blog era bueno pero esto me atrapo y eso que no he leido todo lo demas, si, se repite eso de era solo un corazón pero… era solo un corazón, a mi me gusta así por que me da el significado de la historia, por otra parte el inesperado final me dejo con la boca abierta…:o , salio de lo habitual y me llamo mucho la atención, muy lindo, me gusto!
    saludos y de seguro ya estare leyendo mas.

  3. Pablo Enrique Osorio Abud said

    Compadre, yo he de pecar de jodido esta vez, pero con aprecio che.
    Creo que el cuento se te desmoronó después del “Ya se imaginarán lo que ocurrió despues”. Las cosas suceden demasiado rápido y de manera un cacho predecible, y el final hermano no convence.
    Un abrazo pues y disculpa mi metidota de cuchara.

  4. a Silvia said

    Me gusto!!
    me dio kilikili al final, pero me agrado
    Saludos

  5. CAPSULA DEL TIEMPO said

    En alguna parte escuché que el sentido del olfato es el que activa en el cerebro todo lo que se refiere a la memoria, incluso que está íntimamente relacionado al sentido del gusto: quienes por x razón pierden sensibilidad en el sentido del olfato, pierden parte de la habilidad para utilizar el sentido del gusto.

    Y pensar que hay olores que marcan.

    A mí también me dejaste con esa sensación como cuando bajas en el ascensor del palacio de telecomunicaciones, ese que es con “vista panorámica” y te da la sensación de que estuvieras en caida libre.

    Un abrazote querido W.

  6. Sakura said

    Realmente este es tu estilo!!!, se puede reconocer un climax en el relato y te deja en el suspenso de su continuación… muy bueno!!!

    Saludos =)

  7. Pao said

    “Sólo fue un corazón”…nada más, así piensa el inconsciente cuando el consciente va a destruir uno. Supongo que esa es la ley de la vida.

    Ya estaba extrañando leerte, espero que todo esté bien por allá..

    Besos y abrazos.

  8. Cristian said

    Muchas veces decimos “es solo un corazon”, o “tan solo fue una noche de copas” o “si fue tan solo la puntita”. El caso es que todo tiene una consecuencia, y me parece que en este caso, aunque exagerda puede ser entendible. Pobre chango que por cachilo boto su vida juvenil a la basura para terminar de pagarla con dolor. Lo jodido seria mi querido estido leer alguna vez algo como “si fue solo una historia urbandina” jajajaj espero que nunca pase porque me encanta leer tus escritos. un abrazo

  9. Lingam said

    Coincido con la Ceci, es tu estilo. Me gusta la repetición de “sólo fue un corazón, nada más”. Me invitó a seguir y seguir leyendo. Me puse a pensar en el corazón, en lo que pasa cuando te lo rompen. Alguna vez he sentido esa sensación como de flecha torcida o alambre hundiéndose en mi pecho… Jodido. Y cuando el corazón duele, pues la mente funciona a mil y a veces, sí, te dan ganas de matar o matarte…Y no es tragedia. Veía una peli la otra noche, y una de las protagonistas le decía a su amigo, que el corazón cuando duele, te hace doler otras partes del cuerpo que no sabías que existían.
    Yo creo que cuando no duele también. Cuando te enamoras perdidamente, sientes lugares del cuerpo que tal vez estaban dormidos…
    Lo que más me gusta de leerte es que me haces pensar y sentir una cantidad de cosas que a veces dejo olvidadas por ahí. Gracias por eso! Un abrazo.

  10. CLARITSs said

    te rayas che… cuidado y luego pesadilla me de… jejeje nee mentira, estuvo jodido pero bueno, bien! abrazo chau

  11. Liz said

    Hola Estido!
    Me gusta mucho tu estilo! me encanto esta historia, es verdad que los olores sobre todo cuando vienen del sexo femenino pueden cautivar mas de un hombre y llevarlos (si se dejan llevar por el) a su propia perdida… un saludo de Ginebra

  12. Albanella said

    Glup! Tragué delgadito con ese final, abrupto como espinazo de pescado. Todo por un corazón y al final muchas cosas son por sólo un corazón. Sangrante, dibujado, latiendo, imaginado.. todo es igual, sólo es por eso. Sigues como siempre, fuerte y sangrante 🙂

  13. Aristi De Torchia said

    Un poco predecible, eso de matar primero al hijo y luego al hombre por el cual fue abandonado lo he visto muchas veces por eurasia, pero siempre es fuerte ver un caso. Seria mejor que cuentes dos versiones: la de él y la de ella, asi podrías dar dos puntos de vista igual de brutales que uno solo.

  14. Marco said

    Por eso deben decir que la nariz comienza en el rostro y acaba siempre donde no debe.
    Respecto a los asesinatos -recurrentes en tus úlitmos post- me quedo con una frase de Sartré.
    “El asesino no hace la belleza, el mismo es la auténtica belleza”.
    (Un abrazo y gracias por la solidaridad).

  15. electrokiss said

    para quienes pensabamos q las imagenes lo eran todo…

    hay olores q nos condenan…
    y entregan felicidad absoluta!

    electrobesos

  16. Cane said

    me pareció increíble…me fascina tu estilo!!!

    los olores…jodido…me hizo pensar…me voy a comprar un perfume rico…jaja….

    un abrazo !!

  17. Vero Vero said

    !Que avanzado hermano! Las bibliotecas ya no son lo que eran antes! Así que ahi se consiguen ahora maridos? Pucha, voy a tener que dejar de frecuentarlas. jeje, me acorde de la Fati en tu escrito, bien zorras siempre las imaginas no? Porque será compañero!!!!!! jaja mentira, un abrazo 🙂

  18. Rafael said

    Me gustó mucho el cuento. Me pareció hasta romántico en varias partes. Pero si quisiera decir que pienso que el cuento quedaba bien con la muerte indeseada del hijo y el personaje en la cárcel.

    Bueno es una opinión. Desde acá mis felicitaciones por su texto.

    Saludos.

  19. OXO said

    Bueno, como siempre, aunque a veces mejor. Me llevas de paseo al pasado!

  20. Diego said

    Traumático, pobre tipo (es que siempre me termino convenciendo de que la narración puede ser la realidad en algun lado). La verdad el cuento es bonito y terrorifico a la vez.
    Quien no recuerda su primera vez en el mar de su inocencia, quien no recuerda tambien el final de esa ilusión…
    Un saludo y me voy para tu post mas reciente.

  21. Estido said

    Marco: Cumpa querido, si eso dicen de la nariz, qué dirán de la lengua. No entendí bien la frase de tu sastre, tal vez porque estoy chipeao, o tal vez porque soy burro. En todo caso, gracias por el comentario y “de nada” por la solidaridad. Un abrazo, cumpita, y ¡salud!

    Electrokiss: Olores, sabores, sonidos, colores, etc. Nuestros sentidos pueden ser muy peligrosos o beneficiosos, dependiendo las consecuencias de sus percepciones. Otros electrobesos. (me intriga cómo serán)

    Cane: No uses perfume, lo mejor es el aroma natural. Todos tenemos un olor característico, que puede ser agradable o repulsivo, dependiendo quien lo huela. Pero el perfume adocena a las personas. Otro abrazo.

    Vero: ¡Compañera! ¡Qué es eso de “zorras”! ¿Acaso disfrutar de su sexualidad convierte a una mina en zorra? En todo caso, no dejes de frecuentar las bibliotecas, sólo evita usar falditas de colegiala. Muy pendejos los curas que impusieron ese tipo de uniforme para las adolescentes; debo reconocerlo, ¡muy pendejos! Un abrazote, compañera.

    Rafael: Muchísimas gracias por tu comentario. Tu opinión es bienvenida, bientomada y bienconsiderada. Un abrazo.

    Oxo: ¡Utaaaaaaaaaa! ¡Cómo será tu pasado! ¡Qué envidia! Un abrazo envidioso, pero sincero.

    Diego: A mi me impresiona cómo la ficción puede ser superada por la realidad. Alguna vez, durante una charla de literatitos, surgió la idea siguiente: “imagínense el relato más jodido, el más crudo, el más explícito, el más sangriento, el más morboso, el más increíble; sea cual fuere ese relato, tengan por seguro que en estos momentos está ocurriendo”. ¿Jodido, no? En fin, dejaremos los miedos a un lado. Un abrazo, viejito.

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