Crónicas Urbandinas

La Paz, desde su nombre, es ficción…

Equis

Posted by estido en 16 marzo 2007

Nada raro había en su actitud; en la librería, los encargados estaban acostumbrados a sujetos que ingresaban sin saludar, hojeaban libros por más de una hora y después salían sin despedirse ni comprar nada. Lo inusual fue notado cuando, estando a punto de cerrar, uno de los empleados lo encontró sentado sobre el piso, al pie del estante que exhibía textos de geografía, llorando en silencio con amargura contagiosa, dejando las huellas de su tristeza, manchas transparentes de humedad salina, sobre las páginas del atlas universal que tenía entre sus manos.

“Sólo por esta noche, Mario, ten compasión”, le había dicho a su esposo dos semanas atrás, cuando llegó a casa con Equis para darle cobijo temporal. Él aceptó con la condición, sin embargo, de que fuera la última vez que Karina involucrase el hogar con cuestiones de trabajo. “Gracias; será la última vez, te lo prometo. Eres un ángel”, dijo ella, visiblemente emocionada, y materializó su gratitud con un beso tan tierno como fugaz, pues inmediatamente corrió a preparar el cuarto de invitados para que Equis durmiese algo antes de pasar a la mesa.

La policía demoró más de media hora su arribo a la librería; en el ínterin, los empleados de mataron el tiempo abrumando con preguntas al sujeto que, para ese entonces, ya consideraban demente. “No sé, no sé”, era lo único que éste contestaba, cada vez más angustiado a medida que el interrogatorio se multiplicaba en voces y tonos. Los oficiales hicieron su trabajo con inusual delicadeza, quizá por haber percibido, al hacer contacto con la gélida piel del extraño, cuán frío puede ser el dolor verdadero. Sin prisa, lo acomodaron en la patrulla, apuntaron algunos garabatos en las libretas y partieron hacia sus dependencias.

Hace catorce días exactamente, en esta misma cocina, Karina derrochaba simpatía y diligencia, atendiendo a su esposo y a su invitado, durante la primera cena que Equis habría de compartir con ellos. Mario intentó entablar conversación y denotó cierta molestia ante el mutismo de Equis. Karina tomó su mano y lo calmó explicando los detalles del caso, hablando más fuerte que de costumbre, como dando ánimos a Equis para que interviniera en la charla y contara su propia versión. “Tienes que tener paciencia, Mario, él está perturbado; aún no sabemos por qué. La policía lo remitió a nuestra oficina, pues ellos no sabían qué hacer con él. Al parecer, ha perdido la memoria, porque a todo lo que se le pregunta, sólo responde ‘no sé’. Puede ser un bloqueo temporal por un shock traumático, eso lo confirmaremos mañana con los psicólogos de la oficina. En fin, el caso es que todas las camas del refugio estaban ocupadas, no teníamos otra opción más que devolverlo a la policía, pero…” “Pero tú creíste que ese no era un buen lugar”, interrumpió Mario, “y preferiste traerlo a casa, ¿cierto?” Ella, con picardía, simulando vergüenza, hundió la cabeza entre los hombros para responder, casi murmurando, “Síp”.

Paciente: Se desconoce su nombre; figurará como X.
Fecha: 07/12/06
Hora: 13:41
Primera sesión

Es difícil penetrar la coraza con la que se protege, pero es evidente que su silencio es un grito de auxilio. No recuerda cómo se llama, ni de dónde es. El último, o en este caso, el primer recuerdo que tiene se remonta hasta hace apenas dos días. No sabe cómo llegó a la librería, asegura no conocer (¿o no recordar?) las calles. Imitando a los demás, empezó a recorrer los estantes y a hojear los libros. Cuando tuvo plena conciencia del vacío de su memoria, tomó un atlas y empezó a buscara algún nombre, algún dato que le permitiese recordar dónde estaba o de dónde proviene. Al no obtener resultados, se desesperó y comenzó a llorar. Sabe, por tanto recuerda, leer; sin embargo, escuela, maestra, libros, útiles, tareas, etc., no significan nada para él. A priori, puedo decir que su amnesia es real.

Mario, absolutamente solo, conectado a la máquina respiratoria más por cumplir con la legalidad que por intentar salvarle la vida, pues su condición ya no merece esfuerzos médicos, está conciente de que le restan pocas horas de vida. Aunque se sentía preparado para abandonar este mundo, hoy ha sido atacado por la nostalgia. Su mente lucha por encauzar los pensamientos hacia cualquier cosa que no sea ese agujero negro que los atrae y amenaza con llevarlos a otros tiempos y lugares. Ha luchado, exitosamente, durante cuarenta y seis años contra el magnetismo de la memoria; pero hoy está cansado, ya no puede enfrentar otra batalla. Sus pensamientos comienzan a flotar sobre imágenes pasadas y convergen en esa odiosa conjugación verbal que había prometido nunca emplear: hubiera. Si hubieras escuchado las explicaciones de Karina, Mario, antes de delatar tu inseguridad y dejarte arrastrar por los celos, hoy no estarías agonizando en la soledad de este hospital remoto.

No hay nadie en la habitación de huéspedes, está deshabitada como el resto de la casa. Fue aquí mismo, hace ocho días, donde Karina por fin pudo hacer contacto con Equis. Había entrado para anunciarle que la cena estaba servida y lo descubrió dibujando, con trazos torpes y apresurados, un par de enormes ojos sobre la superficie de la pared. Al verla, Equis interrumpió su tarea e instintivamente guardó el lápiz en un bolsillo; nervioso, la miraba directo a los ojos, con una expresividad temerosa y suplicante, dejando que ella interpretase la disculpa en el sonido del silencio y le diera sentido con su respuesta: “No tienes por qué disculparte, es un dibujo precioso”. “¿De quién son esos ojos?”, le preguntó con dulzura; “De ella”, contestó Equis, y así iniciaron su primer diálogo, en formato interrogatorio, ella preguntando y él respondiendo. “No sé quién es, sólo siento que ella es de donde vengo”; “No, no creo que sea mi madre, es una sensación distinta”; “No, no puede ser mi esposa; recordaría su cuerpo”; “No, …”

¿Y si hubieras sido más sincero? Si de verdad te hubiera interesado su trabajo, habrías estado a su lado, colaborándola; podías hacerlo, trabajabas en la Fiscalía. Con un par de llamadas habrías hecho lo que su oficina demoraba meses en hacer. ¿No tenías tiempo? No mientas; sí lo tenías, pero menospreciabas su labor, la considerabas un pasatiempo de ama de casa, una actividad sin valor real, es decir, económico. Si hubieras discado esos siete números, si hubieras hablado con el Coronel para agilizar las investigaciones, habrías podido saber quién era Equis y llegar a casa más temprano. Otra habría sido la historia, Mario, tu historia. Aunque siendo realistas, ¿acaso tienes una historia?

Paciente: X.
Fecha: 13/12/06
Hora: 10:23
Cuarta sesión

El método empleado hoy ha alterado al paciente. Se proyectaron ciento veintiocho diapositivas de distintos rostros (no se pudieron completar las doscientas planeadas), pidiéndole a X que dijese lo que le llamaba la atención de cada uno de ellos. Al cabo de las ciento veintiocho diapositivas, él había mencionado orejas, labios, lunares, cicatrices, mejillas, cabello, barba, arrugas, etc., sin que hasta ese instante hubiera señalado los ojos de ninguno de los rostros proyectados. Entonces, al preguntarle por qué no le llamaba la atención las miradas de las personas, respondió “porque ninguna es la de ella”. Sin embargo, no supo contestar quién era “ella”, y ante mi insistencia sobre el tópico, se desestabilizó emocionalmente y comenzó a golpearse la cabeza. Tuvimos aplicarle un sedante, pues no hubo otra forma de calmarlo. De todos modos, por fin hemos encontrado una puerta hacia su subconsciente y, por ende, hacia su memoria. La próxima sesión recurriremos a la hipnosis.

Hace dos días, en esta cama que aún permanece destendida, Karina y Mario hicieron el amor durante ocho minutos; luego, echados de espaldas, mirando el tumbado celeste, conversaron sobre Equis. En realidad, Karina creyó conversar y Mario simuló hacerlo. “Gracias por haber permitido que Equis se quedara más tiempo en la casa”, dijo ella con sinceridad. Él, disfrutando el relajamiento post eyaculatorio, maquinalmente le contestó, “De nada, vida, tú sabes que admiro tu trabajo”. Sin querer, él le dio pie para que ella comenzase a hablar largamente sobre los avances en el caso de Equis. “El psicólogo de la oficina ha logrado averiguar muchas cosas hipnotizándolo, ¿sabes? ¿Te acuerdas del dibujo que hizo hace algunos días en la pared? Pues resulta que son los ojos de una mujer que él ama. Al parecer, es algo así como un amor platónico o como una obsesión, aún no se sabe con exactitud. Según el doctor, podría ser que ella lo haya rechazado o que él jamás se haya atrevido a confesarle sus sentimientos. En todo caso, lo importante es que se pudo averiguar que la mujer es recepcionista de alguna institución estatal, porque dice que él siempre menciona toparse con su mirada en una sala donde hay una inmensa fotografía del Presidente. Por eso, el doctor cree que Equis también podría ser funcionario público. ¿Será que tú puedes mover tus influencias para que la policía indague si en alguna repartición estatal un empleado ha abandonado el trabajo sin ninguna explicación?” Mario, que en ese momento ya estaba casi dormido, sólo atinó a decir, “Claro, vida, mañana mismo haré unas llamadas”.

Si hubieras tomado el teléfono, Mario, y llamado al Coronel para ayudar a Karina, habrías averiguado la identidad de Equis. Pero talvez no fue tu culpa, ¿verdad? Sí, la culpa es de la secretaria. Si ella no hubiera entrado justo cuando intentabas tomar el teléfono, con ese escote desvergonzado, la minifalda pegada a esas piernas carnosas y bronceadas, contoneándose descaradamente y fingiendo hacer caer los documentos sólo para agacharse a recogerlos y presentarte un primer plano de sus generosas nalgas, tú no habrías dejado el teléfono para, en una acción relámpago que ya se había hecho costumbre entre ustedes, poseerla sobre el escritorio, el sofá y, finalmente, la alfombra, durante treinta y cuatro minutos, mismos que hubieran sido suficientes para hacer la llamada y enterarte de todo.

Paciente: X.
Fecha: 20/12/06
Hora: 15:45
Séptima sesión

El método de hipnosis ha dado resultados positivos. Definitivamente, su amnesia es producto de un shock, probablemente debido a la muerte o desaparición de la mujer cuya mirada lo perturba. Cuando insistí que mencionara más detalles sobre los ojos de “ella”, X comenzó a temblar, pero aun así no dejé de presionarlo. Dijo que “ella” ya no lo miraría más, que ya no volvería a la oficina, que se había ido a otra parte porque no podía amarlo. Esto también indica que él tiene un sentimiento de culpa. Quizá X le declaró su amor poco antes de que “ella” desapareciera y él asocia esa ausencia con la imposibilidad de ser correspondido. En todo caso, ya estamos cerca de penetrar sus barreras. Estimo que con un par de sesiones más lograremos saber quién es (¿fue?) esa mujer y, por ende, quién es X.

La policía ha precintado las puertas de ingreso a la casa para preservar la escena del segundo crimen cometido ayer. Karina, que ahora está en la morgue, hace veinticuatro horas había llegado con Equis, intentando consolarlo infructuosamente, pues ni siquiera sabía cuál era el motivo de su evidente tristeza. “¿Qué tienes? ¿Te afectó la sesión de hoy? ¿Recordaste algo?” Sus preguntas no obtuvieron respuesta, por lo que prefirió dejarlo descansar y comenzó a preparar la cena. De pronto, Equis entró en la cocina y dijo: “Ella no me quería. Nadie me quiere”. Karina se sobresaltó al escucharlo, pero no demoró en acercarse y abrazarlo, con sincero afecto y ternura maternal, mientras le decía: “No sé nada de ella, pero sí sé que debe haber mucha gente que te quiere; de hecho, yo te quiero”. Equis la abrazó con mayor fuerza, la miró con lascivia directo a los ojos y, con un tono amenazador, le dijo: “Demuéstramelo”.

Si hubieras hecho la llamada que prometiste hacer, Mario, te habrías enterado que el mensajero del Ministerio de Justicia había matado a la secretaria del ministro y que no se conocía su paradero. Si la hubieras hecho, hoy no te estarías preguntando “por qué no le creí, por qué dudé de ella”. Pero qué más da; no la hiciste y tampoco le creíste. No le creíste porque ni siquiera la escuchaste; llegaste a casa, entraste a la cocina, la viste arrodillada, con el miembro de Equis en la boca, y se nubló tu conciencia, se perdió entre los vapores que generó el calor de la ira en tu cerebro. ¿Y si hubieras perseguido a Equis? ¿Por qué lo dejaste escapar? Te vio y echó a correr, pero tú no hiciste nada por impedírselo; enfocaste tu furia en Karina, que seguía arrodillada, llorando y, seguramente, sintiéndose a salvo con tu presencia. No, ni siquiera la escuchaste, sólo empezaste a golpearla. Claro que ahora sí recuerdas algunas de sus palabras, ¿no? “Mario, no me pegues”. “Él me obligó, me iba a matar”. “Mario, por favor…” También debes recordar sus ojos, lagrimeantes, suplicantes, rígidos, enfocados en los tuyos, cuando dio el último suspiro mientras tus manos apretaban su cuello. Ahora recuerdas eso porque te pesa la conciencia. Durante muchos años no te pesó, no obstante la vida miserable y clandestina que tuviste después de matar a Karina y huir del país hasta este rincón del mundo. Si no hubieras visto las noticias aquella noche, hace dos semanas, Mario, no te habrías enterado de nada y, probablemente, no estarías postrado en esta cama. A pesar del tiempo, lo reconociste. Era Equis, no cabe duda, esposado, siendo exhibido por los policías como trofeo. ¿Qué dijo la presentadora? “Fue detenido Bernardo Ramírez, psicópata que asesinó a dieciocho mujeres…” Algo así, no lo recuerdas muy bien. Pero la noticia te hizo recordar las palabras de Karina, su mirada suplicante… Luego, el infarto y esta agonía. Qué ironías tiene la vida, ¿no? Aquí, en esta sala, en este hospital, en esta ciudad, en este país, tú eres Equis.

Anuncios

10 comentarios to “Equis”

  1. Sakura said

    Qué genial!!! esa interacción entre el pasado y el presente, el recuerdo y lo que será un recuerdo hace que tu cuento tenga el suspenso necesario para leerlo sin parar.

    Te mando un abrazo para alivianar tu sentimiento.

    Animo!!! =)

  2. LESLIE said

    Es difícil pasar de ser del señor “tal” al señor X, a todos les puede pasar. LLegaron a ser un X en dos personas; ambos asesinos. Muy buen relato.
    Y tu sube los ánimos y a dar energía positiva a tu viejito, tiene que verte fuerte y pedile de corazón al señor que esta jugando con nuestros destinos (como lo llamas tu) 🙂 para que tu pá salga adelante.
    Un abrazo.

  3. CAPSULA DEL TIEMPO said

    Y yo que soy tan confiada, me dieron escalofríos nada más de pensar en tantos X que pudieron haber sido asesinos en serie y en los que confié. Creo que está de más decirte que el relato es excelente, y ya estoy esperando leerte en tinta y papel y no solo en el ciberespacio.

    Bueno querido W, te mando toda la Fuerza en un gran abrazo. Como hijo, necesitas toda la fortaleza y el valor para ayudar a tu viejito y a toda tu familia a seguir adelante. Estamos con vos, no estás solo.

  4. Liz said

    Hola Estido,
    No me acuerdo ni como llegue a acceder a tu blog, pero desde que entre visito regularmente tu sitio esperando leer estas historias que te caracterisan pienso. Leer tus historias es como leer un poco de mi llajta que esta tan lejos. Sigue adelante! Un gran saludo desde Ginebra-Suiza

  5. CLARITSs said

    VAMOS TODAVIA ESTIDO, otro abrazo…fuerza!

  6. Estido said

    Ceci: Gracias por el comentario y el abrazo. Te extrañamos en el Etno, en otra será.

    Leslie: Cierto, cualquiera puede convertirse en un “X”. Gracias por el aliento; tienes razón, nosotros debemos inyectarle ánimo, porque si él nos nota tristes también se va a deprimir, y eso no le hace nada bien. Un abrazo.

    Vania: Precisamente pensé en eso cuando escribí el cuento, que hay tantas personas cercanas a nosotros y, sin embargo, desconocemos todo sobre ellas; para nosotros son unos “X”, pero cualquier momento pueden alterar nuestras vidas. Gracias por el apoyo; ayuda bastante saber que hay mucha onda positiva que llega de todas partes. Un abrazo.

    Liz: Gracias por leer estos garabatos. Me alegra que te hagan recordar algo del terruño. Un abrazo.

    Claritsssssss: Gracias. ¡Fuerza siempre! Un abrazo.

  7. Vero Vero said

    Me encantó este tu escrito Willy, maneja algo que creo -por lo que te conozco- que tienes como premisa. Se nota que hay mucho trabajo, y no solo eso, hace trabajar al lector. Puedo decir que es una de las escrituras favoritas que he leído de tí. Y el final, podía hasta pasar por poema. Bueh…ya no voy a mandarle más flores a “equis” porque como ya he terminado de leerlo aumentó otra vez el volúmen de la compu jeje. El resto lo sabes, compañero.

    🙂

  8. Estido said

    Vero: Gracias por los elogios. Sí, el cuento lo trabajé bastante, casi cuatro meses; de todas formas, todavía falta pulir algunos detalles. Un abrazote.

  9. Albanella said

    Debo admitir que me confundió… tantos X y el juego entre pasado y presente, me gustó, pero me dejo inconclusa. A pesar de que tiene los ingredientes habituales en tus cuentos, siento que algunos puntitos quedaron volando, no por que les haya faltado explicación sino por que… ehh.. no sé por que. Mejor no me hagas caso, dejémoslo en que me gustó 🙂
    Un saludo grande.

  10. Estido said

    Alba: claro que te hago caso, y me gustaría que me expliques con más detalle. Las críticas siempre son bien recibidas, más aún si las hace una escritora tan talentosa. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s