Crónicas Urbandinas

La Paz, desde su nombre, es ficción…

Nuestro derecho a opinar

Posted by estido en 9 enero 2007

Muchas veces me refiero a La Paz como “el hueco”; y es que, técnicamente, eso es: un enorme hueco del altiplano. La figura se presta a varias metáforas: cuna, tumba, vagina, pozo, etc. Los poetas, sobre todo, han sabido inventarlas y darle buen uso en sus creaciones. El pueblo, sin embargo, poco dado a leer poesía, inconcientemente asocia la figura del hueco con otras figuras, digamos, menos poéticas: el basurero y el inodoro.

Basta pararse en alguna esquina para confirmar lo dicho. El semáforo se pone en rojo, los autos se detienen y, de pronto, una ventanilla se abre para que el pasajero arroje las cáscaras de la mandarina que acaba de ingerir. Casi al mismo tiempo, un peatón tienen la gentileza de anunciar, con un sonoro “huuuaaaaajjjjjj”, la inminencia del flemazo, para que los demás puedan hacerse a un lado y no ser impactados por la gelatinosa mezcla de moco y saliva que aterriza sobre la acera, dándole un toquecito rojiverde al gris del cemento. Poco a poco, ese sector comienza a adquirir variedad de colores, pues cual si fuera lienzo en blanco, los urbandinos van añadiendo pinceladas de basura a la acera observada.

Si bien cualquier lugar es bueno para desaguar, algunos sectores de la ciudad, quién sabe por qué, son los preferidos y, por tanto, los más concurridos para dicho fin. Algunos pensadores cholos han intentado justificar filosóficamente la incontinencia urbandina, asociando la libertad de expresión con la libertad de vejiga. Así, en una esquina que goza de la preferencia urinaria urbandina, había un letrero que con letras gigantes anunciaba, “PROHIBIDO ORINAR”, al cual, los filósofos populares le modificaron levemente una de las letras, como para que sus reflexiones tengan sustento, quedando el letrero con la siguiente inscripción: “PROHIBIDO OPINAR”.

Hace algunos años, me encontré en la calle con la mamá de un amigo. Mientras intercambiábamos algunas palabras, una vendedora dio un paso hacia la calzada, se puso de cuclillas y soltó un chorro de orina, con naturalidad y calma, para después pararse y retornar a su rutina. La mamá de mi amigo, ofendida ante semejante escena, sólo atinó a decirme: “Estas cholas son unas asquerosas, ni siquiera tienen vergüenza de hacer pis delante de todo el mundo”. Calladito nomás escuché la protesta, pero no pude dejar de recordar a su hijo, con quien, algunas noches antes, habíamos celebrado la victoria de la Selección, con doce botellas de cerveza, en la Plaza Abaroa. Aprovechando que mi primo administraba una cantina cercana, luego de cada botella, me prestaba el baño para descargar la vejiga; sin embargo, mi amigo, como buen cholo, flojo y desvergonzado, orinaba en los árboles aledaños. “Andá al baño, pues.”, le aconsejé, luego de la tercera botella. “No, hermano, tengo que marcar mi territorio”, me replicó, y para dejar por sentado que el meaba donde le daba la gana, con medidos chorritos de orín, escribió su nombre sobre el suelo de la Plaza. Su madre seguía despotricando contra la chola, hasta que ésta, que ya se había cansado de escuchar tanto insulto, se acercó para encararla y gritarle: “¡Yausté quélimporta dónde miorino!”. Colorada de rabia, pero sobre todo de vergüenza, la mamá de mi amigo balbuceó “Chau”, y se alejó presurosa.

Alguna vez intenté explicarme por qué los urbandinos prefieren utilizar las calles y no los baños públicos. A parte de la libertad de opinión, creo que el problema es de vocabulario. ¿Quién habrá tenido la brillante idea de emplear el término “mingitorio”? Y claro, entonces resulta lógico que cuando alguien siente la necesidad de desaguar, si mira un letrero que dice “Mingitorio Público”, no sospecha que eso es un baño y recurre a la buena pared para aflojar el grifo. Por lo menos, yo atravesé por una experiencia similar cuando bordeaba los diez años. Había acompañado a mi madre al mercado Rodríguez y a cada rato me quejaba del peso de la bolsa, no porque realmente hubiera estado pesada, sino por mañudo, para hacerme comprar jugo, chicolac, coca cola, batido, mocochinchi, helado, raspadillo, etc. Obviamente, al cabo de una hora, mi vejiguita ha debido estar como globo carnavalero y empecé a fastidiar a la vieja, “me hago pis, mami”, diciendo. “Sólo a fregar vienes”, me dijo, “andá al mercado, ahí hay baño”. Corriendo, llegué hasta el frontis del mercado, busqué un poco y, al no encontrar baño, le pregunté a una carnicera, “doñita, ¿dónde es el baño?”, respondiéndome ésta, “allicitos, a mano izquierda, clarito está el letrero”. Ya goteando, llegué al lugar indicado y sólo divisé el letrero “Mingitorio Público”; “mierda, dónde será el baño”, me pregunté mentalmente, y como no pude responderme, ni contenerme, le di paz a mi vejiga sobre la llanta de un camión, manguereando con tal potencia que salpiqué de orina los puestos de verdura. “No seas cochino”, me gritó la de las lechugas; “Cómo vas a orinar aquí, levudo, si allicitos está el baño”, agregó el camionero, mientras señalaba el “mingitorio”. Gracias a tal experiencia, ese día aprendí una nueva palabra: “levudo”. El significado de “mingitorio” lo aprendí en el diccionario, hace poco tiempo.

Todos los cholos urbandinos hemos marcado territorio alguna vez, si no varias, y también todos hemos arrojado el envoltorio de un helado, la cáscara de una fruta o un kleenex usado sobre las aceras de la Ínclita, pero, eso sí, en nuestras casas utilizamos correctamente basureros e inodoros, pues, como buenos cholos, en los espacios públicos hacemos pública nuestra desidia y ejercemos nuestro derecho a op(r)inar.

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20 comentarios to “Nuestro derecho a opinar”

  1. Diego said

    Le haces honor a lo de “Mejor Blog” Estido, muy buen articulo.
    Me haces recuerdo al terror que vive uno a veces en los “mingitorios publicos”, uno entra y la nariz no sabe que pecado cometió, haces una cola con tu valdecito en la mano sin embargo cuando te “toca” entrar quisieras dejarlo para otro rato por que el “X” que salió dejo el lugar como Pearl Harbor, jaja. Y si sigues teniendo el atrevimiento de cumplir con tu mision, adentro te encuentras no solo contigo mismo, sino con grafitis que te recuerdan a tu madre o a tu equipo favorito o incluso te enseñan el kamasutra, todo mientras un desesperado al que se le soltó el estomago no deja de golpearte la puerta y tu no te cansas de decir..¡ocupado!.

  2. hollbruck said

    Asì nomás es en La Paz …pero la verdad,si te dan ganas de orinar en la noche en la Plaza Abaroa ¿Dónde encuentras un mingitorio? ¿o en la plaza España? No hay.Los árboles son testigos.
    Cuando me dan ganas por el centro no voy a los mingitorios públicos nica…prefiero entrarme a la ekklesía como si fuera hermano,disimulando un cacho,y aprovechar el baño que por lo menos lo tienen limpito…

  3. CAPSULA DEL TIEMPO said

    “Mingitorio” qué ocurrencia de verdad. Pero yo conozco todos los baños de SCZ, algunos de LPZ y ahora los de Antofagasta gracias a mis hijitos que cuando les conviene no quieren descargar sus fluidos donde sea, sino en un baño siempre grrrr.(Peor ahora que estoy con tres conejos en vez de dos a cargo). Debe dar rabia que te estes haciendo pis y de paso tu vieja te ande hinchando: que eres un bolas, que porqué no haces pis antes de salir, etc. Voy a reconsiderar esa maña mía gracias a tu post.

    Me hizo reir este Hollbruk con Eklesía.

  4. Cane said

    jaja que buen post…

    la otra vez con mi hermano de 9 estabamos en la Eloy Salmón y casi nos morimos buscando un baño, llegamos a uno y el enano no quiso hacer pis ahí por melindroso (realmente era asqueroso) y tampoco queria hacerlo donde sea por verguenza, al final después de caminar ya bastante llegamos a un callejón donde una señora de buena gente y viendo nuestra desesperación nos prestó el de su casa…nunca más salgo con mi enano che o si no la proxima busco uno de esos lugares cristianos…

    un saludo…

  5. Marco said

    Y el señor dijo, os multiplicareis y regareis el mundo con vuestrs fluidos y las paredes con vuestros mocos y la abonareis la tierra con vuestra carne… meareis en las intersecciones de las paredes y las calles en carnaval serán un derroche de cerveza.
    Salud (amén).

  6. LESLIE said

    Estaba recordando los años de alcoholismo que tuve, mas dificil es para la mujer cuando la vejiga te llama. Un dia mi amiga ya no aguantaba y se fue detras de un arbol y nos dijo a mi y a los demas “no van a ver” (ebria) claro se fue detras del arbol para cubrirse de nosotros.pero el otro lado del arbol daba a la avenida jajajaja. sacando fotos asi a todos los autos q pasaban con su detroit jajajaja. un abrazote.

  7. pao said

    Volviste!!!

    En La Paz, en Santa Cruz,
    Cochabamba, Tarija, Oruro y me imagino que en los otros cuatro que no conozco también…

    Parte culpa de la inconsciencia de la gente..parte culpa de la falta de control y campaña educación. Yo siempre reniego con estos temas.

    “De toco a silla”…programa cruceño de educación ciudadana (recomendación personal).
    Saludos a Roberto Kim.

    Besitos y abrazos…

  8. Sakura said

    Bueno… debo reconocer que cuando era niña a mi madre la hice transitar también por varios baños, prometo que entraba al baño en casa antes de salir, pero siempre había una cierta necesidad una vez cerrada la puerta de casa…

    jajaja, bueno, habrá que mejorar esos modales… no es agradable tener la ciudad oliendo a “Mingitorio”

    Saludos =)

  9. Cristibel said

    “Mingitorio”? A quién se le ocurriría esa palabra?

    Y bueno, lamentablemente si pienso en La Paz, entre otras muchas imágenes… recuerdo ese olor característico de las calles y los omnibuses…

    Pero bueno, si pienso en Tiquicia, creo que es mejor la “op(r)inión” pública, que la violencia que hay aquí en las carreteras, o en las casas… pero ése es ya otro tema…

    Cómo te fue en Los Yungas?

  10. Estido said

    Diego: Jajaja. Pero también es cierto que hay inscripciones bastante interesantes en los baños; parece que a muchos la inspiración les brota por el ano… Gracias por el comentario. Un abrazo.

    Hollbruck: Buen dato lo de Eklesía; lo tendré en cuenta cuando esté por el centro y mi vejiga haya llegado a su capacidad máxima. Un abrazo.

    Vania: Sí pues, a veces las mamás son intolerantes. Yo me oriné en los pantalones varias veces porque mi mamacita santa tenía flojera, o empute, de llevarme a algún baño o, finalmente, a alguna esquina. No cometais el mismo error. Un abrazo, changa.

    Cane: Qué buena tipa la doñita. La cara de tu hermano ha debido ser muy convincente. A mí me pasó algo similar yendo a pie a Copacabana: me hacía caca, y en el altiplano no hay un puto lugar para descargar en privado, o sea que tenía que aguantarme; pero cómo sería la expresión de mi rostro, que una imillita, bendita samaritana, se acercó a preguntarme, “¿joven, necesita baño?”. Claro, eso no era un baño occidental, pero por lo menos me garantizó la privacidad necesaria para abonar la tierra. Un abrazo.

    Marco: En el Concilio Vaticano II, los padres de la Iglesia aumentaron a la palabra divina: “…y no sólo en carnaval, sino también en la Entrada Universitaria, Gran Poder y cualquier otra manifestación de algarabía popular”. Amén (salud).

    Leslie: Mis amigas eran más prácticas; nos pedían que hicieramos un “privado” con nuestras chamarras, mientras ellas, en el centro, desaguaban tranquilas. Jodida es la situación de la mujer en estas situaciones; en fin, algún castigo tenían que tener por habernos hecho expulsar del paraíso, ¿no? Un abrazo, tigresa.

    Pao: ¡Sí, volví! ¡Y tú también! Ya se te extrañaba. La educación viene del hogar y del ejemplo. Ahora que también sería bueno aplicar multas a los cochinos, pero claro, ¿será eso posible? Más besitos.

    Ceci: Suele pasar, a veces uno desagua hasta la última gota en casa, pero basta con pisar la acera para que la vejiga se infle. ¿Qué será, no? Un abrazo, vieja.

    Cristi: Bueno, tampoco es que toda la ciudad apeste a orines, pero hay ciertos lugarcitos… El viaje fue muy bueno, destrocé mi higado durante 24 horas continuas, y manché las paredes con garabatos dizque poéticos, por lo que ahora tengo que volver a pintar la casa. Ni modo. Un abrazo, chaskañawi.

  11. Oso Jucumari said

    Hermano, las personas que limpian a dirario las calles de la ciudad deben tener unas pesadillas… desde la verdulera hasta al doñita jailan hacen mear a su hijo en cualquier calle, “hinodoro o basurero” pobre cuidad.

  12. Pablo Enrique Osorio Abud said

    Los blogs tampoco se salvan. Como explicar sino a los anónimos que vienen a dejar su aporte de carajos y luego se van satisfechos con la vejiga más liviana. Salud por la ligereza popular.

  13. Jota-B said

    Que bien que hayas regresado de los yungas..!!!

    y sí… yo he meado en lugares públicos, pero no con ganas de ensuciar la ciudad… más sino que no me quedaba de otra…!!!

    Pero a más de que se emputen… yo estoy a favor de botar basura en la calle… por que así hay más trabajo para los de limpieza.. “por eso les pagan..” y veía como maldito al alcalde.. por querer que limpiemos nosotros.. quitándole el trabajo a esa gente…

    Sí pero No…!!!

    Hay que estar limpio…

    Y por eso a veces no es muy bueno entrar a los baños públicos, en especial a los de mujeres, o a los del stadium o de la PM….

    Saludos… Ahhh!!

  14. Humito said

    Orinita vuelvo, y claro, para nosotros los hombres es facil apuntar la carabina y empezar a garabatear calles y paredes, incluso se organizan concursos de quien orina mas lejos, en cambio para las chicas es un drama encontrar un lugar donde nadie las vea, pero cuando la vejiga esta a punto de reventar y el alcohol hace olvidar el pudor dicen: “Cubrime”, y zas cholita, meta koombia…..pero de la buena.

  15. Vero Vero said

    Para las chicas es jodido pues, yo no voy a negar mi ligereza vejigal porque bailando tantos años en Oruro sería una hipocrecía de mi parte, eso si, si alguien me ve botar un papelito en la calle tiene derecho a matarme, eso si lo firmo. Y lo mejor, creo que es comprarse a los snacks o farmacias “un luca casera por tu bañito” y poner cara de que estás sanita y llevar siempre una bolsita de klennex en la cartera y listo se arregla, si la que te atiende es mujer medio que te entiende, es cuestión de suerte y de no esperar al último como buen boliviano y solucionar la vejiga antes, pa no estar recurriendo a lo más urgente a último rato en cualquier lado. Un abrazote compañero, me he reído harto leyendo a tus “comentaristas”.

  16. Estido said

    Oso: Tienes razón; los que más se joden por nuestra cochinera son los trabajadores del aseo público. Es que como pagamos impuestos, debemos creer que con eso ya estamos pagando la limpieza de las calles, o qué mierda pensaremos. Un abrazo, Edu.

    Pablo: ¡Ah! Esos ya son otro tipo de cochinos; dejan su diarrea mental donde les viene en gana. Así nomás tiene que ser, finalmente, igual que las calles, los blogs son espacios públicos. Un abrazo, viejo.

    Jota: Bueno, a veces no queda otra. En otros países, el municipio ha impuesto que cualquier boliche tiene que prestar su baño a cualquier persona, sea cliente o no. Eso sería una buena medida aquí. Saludos, hermano.

    Humito: ¿Quí cooooosa? Y como vos eres el más comedido, seguro estás cubriendo a todas las borrachinas… ¡T!

    Vero: Vieja, con lo de Oruro me has hecho recordar una vez que ejercí de cobrador de baños durante un carnaval, hace muchos años. El próximo post será sobre esito. Gracias por la idea. Abrazote, compañera.

  17. perrorabioso said

    ajajajaja estidex, vos cobrabas en el baño de ese cine de la plaz principal en oruro. no te creo compadre, no has agarrado condilomas con las monedas infectadas??
    Oye compadre, te imaghinas si en carnaval son ocho millones de litro de chela que se venden, cuantos son devueltos en forma de meo a la calle?
    mira no más las estadisticas…

  18. ¤_ Alessi _¤ (I. Alexis Argüello Sandoval) said

    tan bello es ver al caminar caminar y reconcoer a la ciduad de La Paz, bueno hasta que la hueles llegando al tunel cercano a la San Francisco o al tratar de subir por la Max Paredes. Bueno pues ¿ver y no oler?, no puedo, pierdo la concetración y los recuerdos bellos por un trágico olor, que de seguro también alguna vez en el atrio del monoblock de la U.M.S.A. yo mismo dejé.
    Genial el hablar sobre tradiciones urbanas y “sub-urbanas”.
    Queremos saber para donde vamos sin saber de donde vinimos. Agradecido estoy pro concientizar de esta forma y de generar inquietud de manera indirecta, para una práctica mayor del turismo en nuestra ciudad. Mística ciudad de La Paz.
    De paseo de nuevo cuando asi se pueda y espero tu visita mi nuevo estimado.

  19. Lingam said

    Es un drama eso de “hacerse pis”. Nos pasa a todos, a veces cuando tomamos mucha chela, a veces porque estamos a dieta y hay que tomar harta agua. Quién sabe. Lo peor es cuando te atacan las ganas y el único lugar disponible es el mingitorio famoso. Me ha pasado una vez en Tiquina. Casi me muero. Primero, porque la vejiga se me iba a reventar y, segundo, porque mi hermana me torturaba diciéndome “si no meas, te va a dar cistitis”. Ví a lo lejos el letrero del lugar salvador, que en realidad, para mí en ese momento, era la reproducción de un infierno. Cuando entré, salí más rápido, pálida y con ganas de vomitar, además ya llorando porque me dolía todo. No hubo más remedio que regar a la Pachamama. Me sentí pésimo, porque me daba verguenza orinar así a campo abierto y dejar mis fluidos en ese lugar. Encima, las pajas bravas hicieron de las suyas. Pero bueno, después ya me sentí mejor.
    Una amiga colombiana me decía que no podía entender cómo en La Paz (ella vivía acá) se permite orinar en la calle. Siempre se asombraba de eso, más cuando una vez vio a un borracho mear en una esquina: mientras con una mano tomaba a su miembro para dirigir bien el chorro, con la otra sostenía un helado que iba chupando sin ningún problema mientras “hacía de las suyas”.
    El PROHIBIDO ORINAR, como el PROHIBIDO ECHAR BASURA o PROHIBIDO PARQUEAR, no se respetan bajo ningún concepto. Es chistoso a veces ver los autos bien parqueados debajo del anuncio GARAJE – PROHIBIDO ESTACIONAR. Y es jodido ver a la gente cruzando las avenidas por debajo de las pasarelas. ¿Qué se le dice a eso?

    Un abrazote.

  20. Albin said

    Nunca oi el termino minguitorio, debe ser porque no soy de La paz ni de Bolivia, pero la realidad de los baños bueno… digamos que en el campo algunas casas no tiene baño, mas que un silo y entonces al llegar a la ciudad no ubican muy bien el que deben hacer, no es que no se les ocurra, es que simplemente no saben. Ahora el termino urbandinas me parece muy curioso… no bueno ni malo, sino que un termino socio-politicamente correcto lo cual no me cuadra para nada pero en fin. Saludos

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